Periostitis tibial: prevención y tratamiento

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El running es un deporte que causa furor entre la gente y está creciendo exponencialmente en la última década. Te ayuda a estar en forma y gozar de buena condición física, bajar algunos kilos, mejorar tu resistencia aeróbica, quedar con amigos para salir a correr y además es barato. No se puede pedir más. Sin embargo, no todo es de color rosa en el mundo del running. En ocasiones se producen algunas lesiones, que aunque no son graves, sí son molestas y muy comunes entre los runners. Una de ellas es la periostitis tibial que afecta a la zona de la espinilla. En este artículo te explico qué es y cómo puedes prevenirla.

¿Qué es la periostitis tibial?

La periostitis tibial es una inflamación del periostio "una membrana concentrada de tejido vascular, fibrosa y resistente, que cubre los huesos por su superficie externa excepto en lugares de inserción de ligamentos, tendones, y superficies articulares. Esta membrana contiene vasos sanguíneos y nervios que nutren y dan sensibilidad al hueso", según define la Wikipedia.

La inflamación del periostio afecta a la zona media de la tibia, más comúnmente conocida como espinilla, produciendo un dolor intenso que va incrementando de manera gradual y dando la sensación de ardor y escozor en esa zona de la pierna mientras estás corriendo. El dolor se reduce notablemente si disminuyes el ritmo de carrera y desaparece casi por completo en el mismo instante en el que paras de correr.

¿Por qué se produce la lesión?

La inflamación del periostio se produce como consecuencia del continuo impacto del pie contra el suelo, lo que desemboca en una serie de vibraciones que pueden producirse por entrenar en superficies duras como asfalto o cemento, unas zapatillas de running inadecuadas, una mala pisada a la hora de correr, alteraciones biomecánicas, una escasa o nula preparación de la persona, un exceso de sobrepeso o una combinación de algunas de ellas que termina derivando en esa lesión tan molesta.

Aunque con el paso de los días el dolor va desapareciendo, si vuelves a practicar running y no ha transcurrido un tiempo prudencial, esa molestia volverá a hacer su aparición con la misma intensidad cada vez que te pongas unas zapatillas y comiences a correr.

¿Y que hago ahora?

La mejor solución para mitigar esta dolencia es para de correr durante un período de tiempo. Otros remedios alternativos pueden ser bajar el ritmo o la intensidad de carrera y llevar a cabo las sesiones de entrenamiento en otro tipo de terrenos algo más blandos como puede ser la hierba o la tierra. Un parque de tu pueblo o ciudad puede ser una buena opción.

También es de vital importancia realizar un buen calentamiento y a continuación una serie de estiramientos para dotar de mayor flexibilidad a los músculos, ligamentos y articulaciones de tus piernas. De esta manera, tus extremidades inferiores absorberán mejor los impactos que se originan durante la carrera y, en gran medida, se verán reducidas las vibraciones evitando la aparición del dolor.

Invierte en unas buenas zapatillas de running, ya que éstas son tu principal herramienta de trabajo y serán las encargadas de absorber y minimizar los impactos durante la carrera. Elige un calzado que amortigüe adecuadamente pero no excesivamente.

En el mercado existen medias de compresión de diferentes marcas y calidad contrastada. No escatimes dinero a la hora de adquirir unas buenas. Ahorrar unos pocos euros puede marcar la diferencia entre correr a gusto o tener que parar por la aparición de la temida periostitis tibial.

Un carga de entrenamiento elevada puede llegar a resultar contraproducente y perjudicial. Debes conocer en todo momento donde están tus límites y planificar de manera adecuada tus sesiones de entrenamiento. Regula el tiempo, la frecuencia y la intensidad del ejercicio físico.

Al finalizar el entrenamiento es recomendable aplicar hielo por espacio de 10 o 15 minutos en la zona media de la tibia y, con la pierna en posición elevada, para que baje la inflamación.Un truco infalible y recomendado por algunos médicos esque en lugar de emplear hielo, utilices una bolsa de guisantes congelados y lo sujetes con papel de cocina transparente o papel film. Verás cómo se adapta a tu anatomía perfectamente.

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