Running: Zapatillas para correr

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Vencer tus propios l铆mites

Patricio Valenzuela Le贸n

El sudor recorriendo mi cara; la respiraci贸n agitada creyendo que el aire inhalado no es suficiente, a ratos parece un martirio.

S贸lo sigo adelante.

Hoy es mi primera competencia. Veinti煤n kil贸metros que parecen interminables. Miro alrededor y hay cientos como yo. No me siento solo.

Odio la espera, quiero empezar cuanto antes.

Suena el disparo de salida, es hora.

Corro, porque siento que es lo 煤nico que debo hacer. Esto no es como los entrenamientos, es momento de ponerme a prueba.

No soy corredor de elite, sin embargo cuando el viento acaricia mi cara, me siento veloz. Adelanto a varios, otros hacen lo mismo conmigo.

Aparecen los pensamientos negativos. Mis piernas se entumecen, cuesta respirar, s茅 que s贸lo es por el nerviosismo; mientras m谩s pienso, mayores son las molestias.

Ocurre el milagro, mi mente se vuelve calma. Entro en un estado de inercia en la que todo lo malo se va y otros pensamientos llegan a mi cabeza.

Sin darme cuenta, reflexiono acerca de mi vida mientras corro. 驴De qu茅 huyo? Eso lo escucho a ratos. Muchas veces me pregunto lo mismo. Este d铆a de competencia trato de no pensar en nada y encuentro la respuesta. Cuando mis piernas no dan m谩s, mi cerebro intenta analizar mi propia vida con tal de obviar el dolor, y me doy cuenta que los corredores, no huimos; corremos para encontrarnos a nosotros mismos.

Kil贸metro diez, sobrepaso a varios. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, es la satisfacci贸n de saber que el entrenamiento realmente dio frutos.

Doy mis 煤ltimos esfuerzos. La voz del p煤blico animando, me entrega m谩s energ铆a. Los kil贸metros finales obligan a darlo todo, y la meta, es el 煤nico pensamiento que tengo en mente.

En los metros finales, la t茅cnica de carrera desaparece, a sabiendas de que es malo; nos convertimos en seres movidos por la voluntad de llegar a como de lugar, y se transforma en nuestro 煤nico fin.

Estoy cerca. De pronto, un ruido altera la tranquilidad. Escucho unas zapatillas golpeando el suelo a un ritmo fren茅tico. Percibo dos estados de desesperaci贸n; el m铆o al pensar que ser茅 sobrepasado; y el de mi contrincante tratando de ganarme.

Acelero para no ser vencido. La meta a pocos metros y la amenaza de esa peque帽a derrota son reales. Aumento la zancada a sabiendas que no es bueno. Por fin cruzo, y exhausto, veo a mi rival de los metros finales. Ambos, cansados, somos un espejo del otro. Nos felicitamos. En todas las carreras hablan de la competencia entre los profesionales. Ojal谩 todos supieran de las cientos de batallas an贸nimas que ocurren entre nosotros, los deportistas de bajo rendimiento, los que nunca tocaremos el podio, pero que siempre albergamos la esperanza de que alg煤n d铆a ocurra un milagro.

Me detengo, mis piernas apenas obedecen, con cada paso que doy, espasmos involuntarios le dan una nueva definici贸n a la palabra cansancio.

Busco a mi novia entre la multitud. Apenas camino y me cuesta pensar con claridad. La encuentro esper谩ndome, la beso y le agradezco por acompa帽arme en esto que parti贸 como un pasatiempo y ahora es mi estilo de vida.

Por fin veo mi tiempo. Sonr铆o, es mejor de lo esperado. Camino en silencio con un sabor en la boca. 驴Alegr铆a? Siempre, eso jam谩s hay ponerlo en duda. Tal vez los peri贸dicos jam谩s hablen de nosotros, los deportistas an贸nimos; los que despu茅s de pasar horas en una oficina, recorremos las calles para ser mejores.

Pero hay algo que todos sabemos. No existe satisfacci贸n mayor que vencer tus propios l铆mites.

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